Una fe que cambia el mundo

Habrá que dejar lo malo, esa “nada” que ahoga y destruye, que encierra y que atemoriza; para optar por lo bueno, lo bello, noble y justo.

Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

 
Nos quejamos de que el mundo está mal. Matrimonios que naufragan, abortos que destruyen a miles de hijos y a miles de madres, pobreza que amordaza y mata las ilusiones y los cuerpos, opresión de dictaduras sutiles o manifiestas, mentiras que dominan las conciencias anestesiadas en los mal llamados países desarrollados.

¿Existe una fórmula sencilla, clara, aplicable, para cambiar el mundo? ¿Podemos emprender un camino que rompa con esta situación de injusticias, de pecados, de egoísmo, de cansancio y desesperanza?

No hay fórmulas mágicas para controlar la libertad humana. Sólo existen verdades que, acogidas seriamente, provocan una revolución en los corazones y en las sociedades.

La verdad más importante, la más profunda, la más completa, está en Dios y en su amor hacia el hombre. Sólo cuando abrimos los corazones a Cristo, sólo cuando acogemos su Evangelio, sólo cuando le dejamos iluminar nuestras sociedades, nuestra historia, el mundo avanza en el camino hacia la salvación, hacia la justicia, hacia la paz.

Es entonces cuando la fe ilumina la propia vida. Dejamos las tinieblas y pasamos a la luz. Nos dejamos coger por Cristo, y despertamos. “Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo” (Ef 5,14).

Es entonces cuando tomamos en serio a Cristo y lo acogemos plenamente, sin miedo. Desde la voz de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, nos llega la invitación a quitar miedos: “ ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida” (Benedicto XVI, 24 de abril de 2005).

Habrá que dejar lo malo, esa “nada” que ahoga y destruye, que encierra y que atemoriza. Pero será para optar por lo bueno, por lo bello, por lo noble, por lo justo.

Entonces empezaremos a vivir “en Cristo”, desde una fe que provoca reformas, que lleva a la auténtica revolución, la de tantos santos que, como explicaba Benedicto XVI a miles de jóvenes, “son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún: sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo” (20 de agosto de 2005).

 

 

 

 

¿Por qué estoy en el mundo?

Cada día es una nueva vida que me ofrece Dios al despertar. Gracias debiera ser la primera palabra con la que abrimos los ojos.

Por: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Estoy en este mundo porque Dios me creó, porque me quiere. Y así he vivido 20, 30, 40 o más años, envuelto, cobijado por su amor. Me creó para algo importante, no para el egoísmo. No para la mediocridad, menos todavía para la desdicha. Me creó para ser feliz aquí y allá, para ser útil, para hacer algo útil.

A estas alturas de la vida, ¿cómo habré realizado el sueño de Dios? ¿Qué sentido tiene para mi la vida? Soy su criatura, todo es regalo de Dios en mí, existo de favor y de cariño de un Creador, y los siguientes días de mí vida seguiré viviendo por el cariño de mi Creador.

Hay un Ser que mantiene en movimiento mi corazón, que tiene encendida mi inteligencia, que mueve mi voluntad.

Decía un famoso convertido: “Desde hace 25 años la realidad mas radiante de mi vida es esta: Dios existe y me ama”. Eso, tu y yo lo podemos decir con idéntica razón.

Hoy quiero doblar mi rodilla ante mi Hacedor, y recordarme a mí mismo lo que quizá tenía olvidado: “No tengo nada, no soy dueño de nada, ni de mi cuerpo, ni de mi inteligencia, ni del día que estoy viviendo, ni de la tierra que piso. Todo esto es “made en heaven”, todo esto es don del Cielo, todo es regalo”.

¡Gracias! tendría que ser una de las palabras más repetidas, más maravillosas que debería decir todos los días, todas las horas; gracias al amanecer, gracias al medio día, gracias al atardecer, gracias por este día, por los días que están por venir.

Quiero agradecerte dentro de ese templo hermosísimo, impresionante que es tu Creación: “El mundo”.

“Sabemos que el universo es el mejor libro para estudiar a Dios, sabemos que la bóveda del cielo en una noche estrellada es el mejor claustro para hacer oración, hemos escuchado la infinitamente bella sinfonía de las flores, de las estrellas, del paisaje, de los amaneceres, de las noches de luna precedidas por crepúsculos perfumados por la pureza de las flores silvestres; a los que poseemos el don de la fe, todo esto nos da un auténtico sentido de seguridad personal, un equilibrio y una armonía casi perfecta en ese otro pequeño infinito universo de nuestro humilde ser.

Pero, con qué mirada tan diversa miran el mundo lo que viven sin fe. Ni las estrellas, ni el paisaje, ni la aurora, ni el crepúsculo, ni las noches de luna, dicen nada a su alma; viven soñando en su grandeza, poseídos de su autosuficiencia, esforzándose por crear cada día su felicidad personal, hasta que una mañana, o una noche, se dan cuenta que no son verdaderamente felices, porque en el universo de su ser, hay algo que rompe la armonía dejándolos con un vacío inconmensurable.

No pueden apoyarse en su inteligencia, ni en su belleza, ni en sus placeres, porque todo es una sombra inconsistente. Ríen y ríen… pero nada más, porque la risa no solo es símbolo de felicidad sino también máscara de tragedia; contemplan sin cambio de ritmo los días y las noches, las estaciones y los años. Su alma creada para el infinito no tiene más salida que anclarse en la monotonía existencial, el descanso aparente, la indiferencia, la pasividad, el disgusto y la íntima amargura”.

Cada día es una nueva vida. Una nueva vida me ofrece Dios al despertar. Gracias debiera ser la primera palabra con la que abrimos los ojos.

El misterio de lo humano

Sólo el amor puede dar sentido a tantos momentos de cansancio y de dolor.

Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Pascal afirmaba, de un modo provocatorio, que el hombre es un ser hecho de tal manera que a fuerza de repetirle que es un idiota se lo cree… Lo mismo se podría aplicar a tantas otras “etiquetas” con las cuales podemos reducir y “encasillar” no sólo a un pobre ingenuo que caiga delante de nuestra lengua, sino incluso a nosotros mismos.

Si miramos a los últimos cien años de nuestra historia, veremos que unos se atrevieron a decir que existían hombres “superiores” y hombres “inferiores”, y muchos, por desgracia, les creyeron. Despreciaron a los de otras razas, desencadenaron una guerra suicida, y llevaron a sus países, Alemania y Japón, a la más terrible de las derrotas. Otros, con un espíritu más refinado, no tomaron los micrófonos para gritar a las masas, sino que convencieron a grupos de intelectuales, médicos y psicólogos, y dijeron que el hombre era una estructura compleja basada en dos instintos fundamentales: el de la muerte y el del sexo. Freud encandiló a millones de hombres y mujeres que aceptaron ser, sencillamente, individuos divididos entre el Yo, el inconsciente y el Superyo, y buscaron con afán una “unificación” en la liberación del sexo y de lo oculto que se escondía en ellos.

Ha habido quienes, con El Capital de Marx debajo del brazo, convencieron a ingentes masas humanas de la “gran verdad”: la economía determina todas las formas superiores de pensamiento, arte, religión y política. Buscaron crear un paraíso en la tierra y sembraron el planeta de millones de muertos, unos víctimas de guerras absurdas, otros asesinados para eliminar a los “reaccionarios”, otros simplemente muertos de hambre, porque la economía del “paraíso comunista” no llegaba a funcionar del todo…

Otros exaltaron la libertad del hombre. Libertad, desde luego, que debería ir acompañada del mayor nivel adquisitivo, pues lo mejor que podía hacer el hombre era poseer y disfrutar. Los defensores del liberalismo sembraron el mundo de ilusiones, pero no pudieron eliminar las enormes injusticias con las que el nuevo siglo debe enfrentarse con urgencia, ni saciaron a ese ser inquieto que, contra todas las previsiones, muchas veces cae en la desesperación y el aburrimiento conforme se concede a sí mismo más placeres y libertades, si es que no llega, como en tantos países ricos, a la decisión dramática del suicidio.

Y hoy, ¿cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Qué dicen sobre el hombre los que llevan el peso de la cultura, de la ciencia, de los medios de comunicación social? Es difícil hacer una síntesis, pues son muchas las voces que pretender desvelar nuestro auténtico misterio. Para unos seremos simplemente un cáncer del planeta, como ha afirmado con atrevimiento un profesor de medicina en los Estados Unidos. Desde luego, si somos cáncer alguien tendrá que extirparnos, y esto implica un enorme trabajo para los médicos de todo el mundo… Para otros, somos una chispa de placer, y venderán aquí y allá nuevos y más sofisticados productos (drogas incluidas) para satisfacernos en todo lo que pidamos (siempre y cuando, claro está, nos lo permitan nuestros ahorrillos). Para otros, somos como una computadora que se cree no programada, y en eso radica nuestro error y presunción. Por eso habrá que ayudarnos (léase “programarnos”) bien para que empecemos a ser buenos y los programadores nos puedan usar a su antojo… Para algunos somos un absurdo. Como decía Sartre: nacemos por error, vivimos por inercia, morimos por aburrimiento…

Para la mayoría, somos un misterio, pero un misterio descifrable. Inició porque dos personas se amaron. Continuó porque hubo quienes nos acogieron y nos aceptaron como somos. Ahora camina hacia delante no porque el peso de los años nos empuje a sobrevivir, a ir por la mañana al puesto de trabajo y a volver por la tarde a ver qué imágenes nos presentan en la televisión; sino que camina porque ama a los suyos, a sus padres y a sus hijos, a su esposo o a su esposa, a sus amigos y a sus compañeros de trabajo. Sólo el amor puede dar sentido a tantos momentos de cansancio y de dolor que valen en tanto en cuanto nos lleven a crecer en la donación a los demás.

A los hombres del milenio que ha terminado y del milenio que comienza hay que repetirles hoy, como siempre, que valen lo que aman. Quizá si se lo repetimos (y nos lo repetimos) llegaremos a convencernos de que no somos solamente unos pobres idiotas, sino algo más. Y entonces cada uno brillará con una luz nueva, y acogerá a quienes, como él, han comenzado a vivir desde el amor y para el amor.

 

 

 
Comentarios al autor fpa@arcol.org

Tomado del libro “Abrir Ventanas al Amor”, Pascual, Fernando, para comprar el libro

 

Separarán los peces malos de entre los buenos

Mateo 13, 47-53. Tiempo Ordinario. Cada momento en nuestra vida tenemos la oportunidad de elegir entre lo bueno y lo malo, entre el bien y el pecado.

Por: H. Héctor Flores | Fuente: Catholic.net

Del Evangelio según san Mateo 13, 47-53
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo». Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Oración introductoria
Jesús gracias por permitirme este encuentro contigo. Me pongo delante de Ti para presentarte mis debilidades, preocupaciones y también aquello que no me agrada, así como mis alegrías, triunfos e ilusiones. Me pongo en tus manos y te pido la fortaleza necesaria para perseverar en el amor a Ti.

Petición
Jesús permíteme comprender el fin de la vocación en mi vida para que pueda hacer sólo lo que te agrada.

Meditación del Papa S Juan Pablo II

La parábola de la cizaña en medio del trigo y la de la red para pescar se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvación de Dios. Pero, junto a los “hijos del reino”, se hallan también los “hijos del maligno”, los que realizan la iniquidad: sólo al final de la historia serán destruidas las potencias del mal, y quien hay cogido el reino estará para siempre con el Señor. Finalmente, las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa, expresan el valor supremo y absoluto del reino de Dios: quien lo percibe, está dispuesto a afrontar cualquier sacrificio y renuncia para entrar en él.

De la enseñanza de Jesús nace una riqueza muy iluminadora. El reino de Dios, en su plena y total realización, es ciertamente futuro, “debe venir”; la oración del Padrenuestro enseña a pedir su venida: “Venga a nosotros tu reino”.

Pero al mismo tiempo, Jesús afirma que el reino de Dios “ya ha venido”, “está dentro de vosotros” mediante la predicación y las obras, de Jesús. Por otra parte, de todo el Nuevo Testamento se deduce que la Iglesia, fundada por Jesús, es el lugar donde la realeza de Dios se hace presente, en Cristo, como don de salvación en la fe, de vida nueva en el Espíritu, de comunión en la caridad.» (San Juan Pablo II, Audiencia, 18 de marzo de 1987).

Reflexión
Este evangelio nos presenta la realidad a la que algún día nos enfrentaremos, solo Dios sabe cuándo. Es por eso una nueva invitación para estar en vigilancia y oración. Cada momento en nuestra vida tenemos la oportunidad de elegir entre lo bueno y lo malo, entre el bien y el pecado. Cristo quiere que nos demos cuenta de esta realidad y que valoremos el gran premio para la eternidad. Ciertamente no es nada fácil mantenerse en vigilancia porque por todos lados estamos rodeados de tentaciones, pero nos preservaremos en la medida que esa fe en Jesús se haga realidad constantemente a través de un pensamiento, una jaculatoria, una renuncia por amor, una conquista ofrecida…

Como cristianos estamos llamados a ayudar a nuestros hermanos a llegar al cielo. El apóstol es una moneda de dos caras: por un lado está la oración y por otro el apostolado; no existen los santos egoístas. Vivo mi vocación en el trabajo, en la familia, con los amigos, ese es mi apostolado y también la manera de estar en vigilancia. Si quiero el cielo para mí, debo quererlo también para todos aquellos que me rodean.
Propósito
Hoy leeré un capítulo del Evangelio, lo meditaré y comentaré con alguien.

Oración final
Nuevamente te agradezco Jesús por este rato de diálogo contigo. Sé que la misión es ardua y por eso hoy te quiero ofrecer el esfuerzo que me pueda suponer el ayudar a los demás a conocerte. María en tus manos encomiendo mi apostolado de este día.

El cristianismo tiene mucho que ofrecer en el ámbito práctico y moral, pues el Evangelio nunca deja de inspirar a hombres y mujeres a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas. Pocos podrían negarlo. Sin embargo, quienes fijan la mirada en Jesús de Nazaret con ojos de fe saben que Dios ofrece una realidad más profunda y, sin embargo, inseparable de la “economía” de la caridad operante en este mundo: él ofrece la salvación. (Benedicto XVI, Discurso del 28 de septiembre del 2009)

 

Preguntas o comentarios al autor  H. Héctor Flores

Yo he vencido al mundo

Juan 16, 29-33. Pascua. Si tenemos a Cristo en nuestro corazón, adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad.

Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo dijeron los discípulos a Jesús: Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo.

Oración introductoria
Señor, celebrando a tu Madre santísima de Fátima, inicio esta oración diciéndote que creo en Ti y en todo lo que has revelado para nuestra salvación. Espero en Ti porque confío en tu misericordia. Cada acto tuyo en la tierra demuestra tu amor por nosotros. Te amo y te reitero mi deseo de que seas el centro de mi vida.

Petición
Jesús, dame la docilidad para no buscar la paz en mis fuerzas o habilidades, sino en tu poder divino.

Meditación del Papa Francisco

No se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. Una cosa que nos ayudaría mucho sería preguntarnos si ¿creo o no creo? Si creo un poco y un poco no. ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

Sin fe no se puede seguir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús. Necesitamos el escudo de la fe, porque el diablo no nos lanza flores sino flechas en llamas para matarnos. Hay que tomar el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Los invito a rezar constantemente, a velar con oraciones y súplicas.

La vida es una milicia. La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría porque el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su salvación. Pero sí, todos somos un poco vagos en la lucha y nos dejamos llevar adelante por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores, ¡todos! Pero no se desanimen. Valentía y fuerza, porque el Señor está con nosotros. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 30 de octubre de 2014, en Santa Marta).

Cuántas veces —nosotros no lo sabemos, lo sabremos en el cielo—, cuántas veces nosotros estamos ahí, ahí… [a punto de caer] y el Señor nos salva: nos salva porque tiene una gran paciencia con nosotros. Y esta es su misericordia. Nunca es tarde para convertirnos, pero es urgente, ¡es ahora! Comencemos hoy. Que la Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia.(Homilía de S.S. Francisco, 28 de febrero de 2016).

Reflexión
Unos versículos antes de este evangelio Jesús habla clara y abiertamente a los apóstoles sobre su Padre. Por ese exclamarían “ahora sí no hablas con parábolas” Y versículos después Jesús se encuentra en oración antes de padecer los sufrimientos en la cruz. En medio de ambos versículos nos encontramos rejuvenecidos por su palabra. Es Jesús quien nos anima a ser fuertes, es Él quien nos dice que no estaremos exentos de tribulación pero tampoco de su gracia.

Por ello, ¿por qué nos extrañamos si en nuestra vida como cristianos atravesamos por dificultades, problemas o desilusiones que jamás hubiésemos pensado que nos sucederían a nosotros? Ya oímos decir a Jesús estas palabras dirigidas a Pedro “mira que Satanás ha pedido permiso de cribaros como trigo”. Y en el libro de Job, Satán pide permiso a Dios para tentar a su siervo.

Es una constante en la vida de todo hombre: la tribulación, la aflicción. Y efectivamente, tanto Pedro como Job fueron probados duramente. Tanto así que el primero negó a su maestro y el segundo maldijo el día de su nacimiento. Sin embargo, ambos encontraron la paz de Cristo después de la lucha. Ambos confiaron en el Señor y en el momento oportuno les llegó su recompensa. La paz de Cristo a sus almas. Por ello, si tenemos a Cristo en nuestro corazón, adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad. Nada hay que temer porque Jesús está con nosotros.

Propósito
Revisar mis actitudes y comportamientos para cambiar lo que me aleje de la luz de la verdad.

Diálogo con Cristo
Señor, gracias por darme fe, esperanza y caridad, el día de mi bautismo, para hacerme capaz de obrar el bien, por amor a Ti y a los demás. Qué serenidad y confianza me da saber que Tú has vencido al mundo y estás conmigo, dándome esa paz, que con tu gracia, podré irradiar a los demás, especialmente a mi familia.

Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre

Juan 8, 12-20. Cuaresma. Cristo es nuestra luz, solo hace falta que nosotros seamos luz del mundo.

Por: Oscar Pérez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 8, 12-20
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale». Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí». Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Estas palabras las pronunció junto al arca de las ofrendas, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

Oración introductoria
Señor, gracias por esta oportunidad de estar contigo en esta oración; te suplico me liberes de lo que pueda obscurecer tu verdad radiante, estoy abierto de mente y corazón para abrazar tu voluntad.

Petición
¡Ven, Espíritu Santo! Dame la luz de la fe.

Meditación del Papa Francisco

La coherencia de vida nos aleja de la mundanidad espiritual. Tú finges ser así, pero vives de otra forma. Es la mundanidad que se introduce en el espíritu humano y poco a poco va tomando posesión de él: es difícil identificarla desde el comienzo porque es como la polilla que lentamente destruye, carcome la tela y luego esa tela es inutilizable. Así el hombre que se deja llevar por la mundanidad pierde la identidad cristiana, la arruina, llegando a ser incapaz de coherencia.

En efecto está quien dice: «Oh, yo soy muy católico, padre, voy a misa todos los domingos, soy muy católico»; luego, sin embargo, en la vida cotidiana o en el trabajo es incapaz de ser coherente. Así, por ejemplo, cede ante el discurso de quien le propone: «Si me compras esto, hacemos este acuerdo y tú te quedas con una suma de dinero».

Esto no es coherencia de vida, esto es mundanidad. Y es precisamente la mundanidad la que conduce a la doble vida, la que es apariencia y la que es verdadera, y te aleja de Dios y destruye tu identidad cristiana. Por esto Jesús es tan fuerte cuando pide al Padre: Padre, no te pido que los quites del mundo sino que los salves, que no tengan el espíritu mundano, es decir ese espíritu que destruye la identidad ¡cristiana! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de noviembre de 2015, en Santa Marta).

Reflexión
Si echamos una mirada nos daremos cuenta que las nubes del materialismo han cubierto el horizonte cultural. La luz penetra cada vez menos. La esperanza parece menguar. En medio de la oscuridad brillan pequeñas lucecitas. Son luciérnagas. Fugaces momentos de felicidad que el mundo da. Así paga el mundo a los que le sirven. Les promete felicidad y diversión, y se los concede. Pero un instante, un suspiro; y después, la oscuridad.

Pero no estamos solos. Un rayo de esperanza rasga las nubes. Es Cristo que viene a recordarnos: “Yo soy la luz del mundo”.. Como nos dice el catecismo en el número 2466: el que cree en Él, no permanece en las tinieblas. El discípulo de Jesús, permanece en su palabra, para conocer “la verdad que hace libre” y que santifica.

Nosotros, como cristianos bautizados, estamos llamados a ser luz del mundo. ¿Cómo? Predicando el Evangelio del amor con el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestra palabra.

Reforzando la unidad familiar, por ejemplo rezando en familia; escuchando y compartiendo las penas de mi prójimo, ayudándolo cuando lo vea en apuros. En fin, la caridad es ingeniosa, hay mil maneras de vivirla. Sólo hace falta querer ser luz del mundo.

Propósito
Darme el tiempo y la paciencia para dar hoy un consejo, estímulo o ayuda a quien lo necesite.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, qué diverso sería mi comportamiento si nunca olvidara de dónde vengo y a dónde voy. Tú eres quien da significado, sentido, esperanza y propósito a mi vida. Las presiones de la sociedad afectan mis decisiones, el estira y afloja de la «moda» me apartan de la auténtica felicidad, por eso te suplico me des la luz de la fe para buscarte siempre y, unido a Ti, pueda ser la luz que ilumine a los que hoy encuentre en mi camino.