El grano de mostaza

Lucas 13, 18-21. Tiempo Ordinario. Que la obligación de trabajar, la cambiemos en alegría de servir con ilusión y esfuerzo a los demás.

Por: Misal Meditaciones | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21
Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

Reflexión

Cristo no está en contra del sábado. Dios había mandado guardarlo porque sabía que el hombre necesitaba descansar y Cristo quiere cumplir con la voluntad de Dios también en esto. Además esta ley era un auténtico alivio para los esclavos de la gleba que, como en la mayoría de las civilizaciones, constituían una abrumadora mayoría de marginados a quienes el trabajo forzado les sumía en una vida miserable. Sin embargo el sábado entre los judíos había pasado a ser -a causa del legalismo reinante- una carga insoportable.

«Al verla, Jesús la llamó y la curó». La mujer no le pidió nada a Cristo. Sufría y eso le fue suficiente para acercarse y curarla. Así es Jesús. Se da cuenta de lo males porque está atento a los demás. Era sábado, pero para Cristo el sábado no era nada ante el amor. Al igual que Cristo, muchos cristianos saben romper los «sábados», es decir, las barreras humanas que impiden hacer el bien. Así, a la madre Teresa no le importó la lepra de los miserables que encontraba en el camino; simplemente los levantaba y los curaba. Al Papa no le importa el sábado del cansancio para seguir, a sus 82 años organizando viajes, sínodos y encuentros con todos los niveles de la sociedad.

Muchas personas saben superar el sábado de las muchas ocupaciones y siempre encuentran un tiempo para ayudar en algún apostolado de la parroquia o de un movimiento, otros superan el sábado del respeto humano y saben dar testimonio de su fe buscando diversiones y pasatiempos cristianos. Hay quienes se sacuden el sábado de la comodidad y no dejan parar un día sin charlar con sus íntimos y dedicar los mejores momentos a construir una vida familiar cristiana. Los sábados superados no se improvisan, para ello hay que tener un lunes, martes, miércoles… y esos días quizás pueden ser las horas de trabajo que podamos ofrecer con alegría y esfuerzo a Dios por nuestro hermanos, los hombres. Pero no sólo eso, sino que nuestro trabajo es una oportunidad para hacer el bien y dar lo mejor de nosotros mismos. El trabajo es la puesta en marcha de todas nuestras virtudes y un camino para desarrollarlas sirviendo a los demás.

Podemos convertir el legalismo de una rutina que espera el fin de semana o el final de la jornada con ansia, en un sábado superado, saltándose la norma de la obligación de tener que trabajar y tornarla en la alegría de servir con ilusión y esfuerzo escondido a los dem

 

El Reino de Dios como la levadura

Lucas 13, 18-21. Tiempo Ordinario. Sembremos semillas de perdón, alegría, unión y fortaleza entre nuestros familiares y amigos.

Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

 

En aquel tiempo dijo Jesús: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

Oración introductoria
Señor, quiero iniciar esta oración haciendo un acto profundo de humildad. Tú eres grande, yo soy muy pequeño, pero Tú puedes hacer que mi amor crezca de modo que pueda llegar a ser parte de tu Reino.

Petición
Jesús, ayúdame a nunca apoyarme en mi propio sentir para que todo sea para la gloria de tu Reino.

Meditación del Papa Francisco

La imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse ‘más grande que todas las plantas de huerto’.

Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.

Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.

De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobretodo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.

La victoria del Señor es segura, su amor hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza y al optimismo a pesar de los dramas, las injusticias, y los sufrimientos que encontramos. La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque lo hace madurar el amor misericordioso de Dios. (Ángelus de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

Reflexión
Hay que apostar por ideales nobles en esta vida. Decidirnos a cambiar la venganza por el perdón, el egoísmo por la generosidad, el odio por el amor, la debilidad ante las dificultades por la fortaleza ante ellas. Los muchos avatares en esta vida nos impiden ver el bien que Dios tiene preparado en nuestro futuro. Cristo nos lo enseña comparando el Reino de los cielos con un grano de mostaza.

Una semilla tan insignificante por su pequeñez que seguramente un no entendido de semillas la hubiese tirado a la basura. Sin embargo, en su pequeñez se encierra su grandeza. Podríamos pensar que una minucia de ese tamaño no sirve para nada. Pero si conociésemos lo que viene después, pagaríamos lo que fuese por conseguirla. De la misma forma son los ideales por los que hay que apostar y pagar lo que sea. Al inicio no vemos el provecho personal que hay en perdonar a quien nos ofendió o prestar ayuda a quien lo necesita porque no vemos más que “una insignificante semilla de mostaza”, y lo es. Pero pensemos también que el fruto que viene después será inmensamente superior al que nosotros esperábamos.

Propósito

Sembremos estas semillas del perdón, de la alegría, de la unión, de la fortaleza entre nuestros familiares y amigos pero sobre todo en nuestro propio corazón. Son semillas que en su pequeñez se encierra su grandeza y provecho para nuestra vida.

Diálogo con Cristo
No deja de ser asombroso cómo una porción de harina duplica o triplica su tamaño por el hecho de poner una mínima porción de levadura… Señor, gracias por ser la levadura que hace mi vida bella, abundante y emocionante, porque me das la posibilidad de colaborar en la extensión de tu Reino. Pido la intercesión de María, para ser como la levadura: discreto, sencillo, pero capaz de llenarlo todo de tu presencia y de tu amor.

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Te invitamos a rezar la Novena por los Fieles Difuntos durante estos nueve días anteriores a la fiesta que celebraremos el 2 de noviembre.

Si tuvieras fe como un grano de mostaza

Mateo 13, 31-35. Tiempo Ordinario. Si bien es la más pequeño de todas las semillas, crece hasta volverse la más grande que todas.

Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.”

Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, ilumina mi meditación para que, como la semilla de mostaza, crezca y sea el fermento para que mis actividades de este día produzcan los frutos de amor que Tú tienes dispuesto.

Petición
Padre Santo, haz que tenga el anhelo de llevar a todos los hombres, mis hermanos, la Buena Nueva de tu Evangelio.

Meditación del Papa Francisco

La parábola utiliza la imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse ‘más grande que todas las plantas de huerto’.

Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.

Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.

De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobretodo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.» (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

Reflexión
Cuando vemos que la sociedad vive cada vez más descristianizada, nos lamentamos y vemos lo poco que podemos hacer. Ese sentimiento de impotencia es natural. Sin embargo, los mecanismos del Reino de los Cielos funcionan de manera diferente. ¿Por qué? Porque el verdadero actor es Dios, y como Él es Todopoderoso puede hacer que cambie hasta lo más difícil.

Al contemplar la vida de los santos, como la de S. Francisco de Asís, vemos cómo se realiza una gran obra a través de ese “pequeño instrumento”. Esto es lo que Jesús quiere decirnos: “no te preocupes si sólo eres una semilla diminuta. Siémbrate en mi Corazón y verás hasta dónde puedes”.

Así lo hicieron un grupo de gente sencilla que siguió a Jesús: sus apóstoles. ¿Quién les iba a decir que después de dos mil años la Iglesia estaría presente en tantos lugares y atendería las necesidades materiales y espirituales de millones de personas? Esto se debe a que la fuerza de la Iglesia no está en lo que pueda hacer cada uno por su cuenta, sino en el poder de Dios con las personas que se entregan a fondo.

El secreto consiste en cambiar el propio corazón por el de Jesús, pareciéndonos a Él en todo lo posible. Así se transforma también nuestra familia y las personas de nuestro entorno. Y entre todos, impulsados por Cristo, podemos traer a este mundo la civilización del amor.

Propósito
Sembrar amor al escribir un correo electrónico o una nota a quien se ha alejado de Cristo.

Diálogo con Cristo
Señor, gracias por la semilla de la fe que recibí el día de mi bautismo. Quiero que ésta crezca para que pueda convertir, con tu gracia, mi vida en tierra buena, sin obstáculos ni cizaña que detengan los frutos de amor que Tú produces.

¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?

Marcos 4, 26-34. Tiempo Ordinario. El reino es como un granito de mostaza. Sembrado en tierra, es una semilla tan pequeña que casi no se ve.

Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.» Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Oración introductoria
El domingo es día del Señor. Permite, Padre bueno, que sepa orientar todas mis actividades de modo que pueda disfrutar el estar aquí contigo en la oración. Sin prisas, sin agobios, para que la semilla del amor crezca en torno a todas las personas que me rodean.

Petición
Jesús, dame la valentía para arrancar lo que impida crecer vigorosamente la semilla de tu gracia.

Meditación del Papa Francisco

Jesús se dirigía a quienes le escuchaban con palabras sencillas, que todos podían entender. También esta tarde —lo hemos escuchado— Él nos habla a través de breves parábolas, que hacen referencia a la vida cotidiana de la gente de esa época. […]

Jesús enseña qué es el reino de los cielos, cómo se le encuentra y qué hay que hacer para poseerlo. ¿Qué es el reino de los cielos? Jesús no se preocupa por explicarlo. Lo enuncia desde el comienzo de su Evangelio: “El reino de los cielos está cerca”; —también hoy está cerca, entre nosotros— sin embargo nunca lo deja ver directamente, sino siempre de manera indirecta, narrando el obrar de un propietario, de un rey, de diez vírgenes… Prefiere dejarlo intuir, con parábolas y semejanzas, manifestando sobre todo los efectos: el reino de los cielos es capaz de cambiar el mundo, como la levadura oculta en la masa; es pequeño y humilde como un granito de mostaza, que, sin embargo, llegará a ser grande como un árbol.  (Homilía de S.S. Francisco, 26 de julio de 2014).

Reflexión
Un escritor descreído, no tan agudo como él mismo se pensaba, y bastante atrevido, preguntaba con desdén:
-Dí, Cristo, ¿dónde está tu redención?…

Miraba al mundo y lo veía como un desierto sin plantas, campo estéril que no producía ningún fruto apetecible. Entonces, ¿dónde estaba la obra de Cristo después de dos mil años?…
A este pobre poeta le podríamos haber respondido nosotros que se entretuviese en leer, durante un rato nada más, el encantador Evangelio de este Domingo.
Todo el pueblo esperaba el Reino de Dios que traería el Mesías. Ese Jesús de Nazaret, con los milagros que obraba, parecía que sí, que era el Cristo esperado. Pero el Reino soñado no se notaba por ninguna parte. Los odiados romanos continuaban en Israel con el peso de sus legiones, y el trono de David seguía vacío sin que nadie viniese a ocuparlo. ¿Dónde estaba entonces el Reino prometido?…

Jesús se da cuenta de la preocupación e incertidumbre del pueblo. Pero, ¿cómo hacerles entender que el Reino que ellos esperaban no era político y que no tenía que venir con el ruido de tambores batientes ni el horror de las armas?…
Jesús recurre a las parábolas y les cuenta con sencillez campesina:

– ¿Saben todos a qué se parece el reino de Dios? Es semejante a la semilla del trigo que un labrador echa en la tierra. Tanto da que el sembrador duerma o esté despierto, de noche y de día la simiente germina y se desarrolla. ¿Cómo lo hace? El labrador no lo sabe. Porque la tierra produce espontáneamente el tallo, después la espiga, y finalmente la cabeza llena de grano en la espiga. Cuando todo está maduro, se echa la mano a la hoz o a la guadaña, ¡y a segar!, porque la cosecha ha llegado…

No había nadie en el auditorio de Jesús que no hubiera contemplado muchas veces semejante proceder de los agricultores. La cosecha empezó con la siembra tan callada. Siguió el crecimiento, calladísimo también. Y vino el recoger la mies sin que aquella simiente primera hubiese metido ruido alguno.

Así es el Evangelio. Lo siembra Jesús. Sin prisas, deja que pasen siglos y milenios. Irá creciendo en la tierra sin que nadie se dé cuenta de sus avances. Al final de los tiempos, cuando se haya completado el número de los elegidos, volverá el Señor a recoger la abundante cosecha.

Con parábola semejante nos explica Jesús cómo el Reino esperado llega a su plenitud sin realizar obras espectaculares, y hasta contra todas las apariencias humanas.
Pero añade otra parábola no menos expresiva:
– ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios, o con qué parábola lo podremos expresar? El reino es como un granito de mostaza. Sembrado en tierra, es una semilla tan pequeña que casi no se ve. Pero, una vez sembrado, el granito germina, crece y se convierte en una planta grande, más grande que las hortalizas, hasta echar ramas tan extensas que vienen los pájaros del cielo a cobijarse bajo su sombra.
¡Este Jesús es poeta de verdad! Exquisito como nadie… ¡Y hay que ver cómo hace entender las cosas a la gente más sencilla.
Con la parábola del grano de mostaza nos explica Jesús la extensión que va a alcanzar el Reino de Dios, que llegará a todo el mundo.

Es muy pequeño en sus apariencias primeras. ¿Quién es Jesús, el portador del Reino? Un simple carpintero y campesino de Nazaret. Un predicador perseguido, incomprendido, y que parará en la cruz. Ciudadano de un despreciado rincón del Imperio Romano, ¿quién puede hacer caso de Él?…

Sin embargo, el Evangelio sembrado por este Jesús irá creciendo y se extenderá por todo el Imperio. Tal como se descubran otras naciones, el Evangelio llegará a todas ellas. Al final, no habrá pueblo que no haya escuchado el mensaje de la salvación, de modo que todos los hombres –como los pájaros felices de los aires en las ramas del árbol– habrán podido conocer la verdad y descansar en el Dios que los cobija.

¿Qué nos toca a nosotros pensar y hacer ante esta realidad del Reino que nos expresa Jesús?

Son dos los sentimientos que suscita en nosotros: confianza y paciencia. Confianza, porque aunque no pensemos en el fruto de nuestros esfuerzos, el Reino avanza sin que nadie lo detenga. Y paciencia, porque Dios no tiene prisa. La cosecha no será sino al final…

El Reino avanza y se desarrolla, ante todo, en cada uno de nosotros. Porque, aunque no pensemos en ello, la obra de nuestra santificación –ya que el Reino lo llevamos dentro por la Gracia– se realiza día a día, y al llegar la muerte nos veremos con un caudal de méritos que ni sospechamos… -Vuestro esfuerzo no es inútil en el Señor, nos dice San Pablo.

E igualmente avanza en los otros. Todo lo que trabajamos por el Reino de Dios o por la Iglesia, que es la encargada de llevar adelante la edificación del Reino, todo eso no se pierde. Sin que nos demos cuenta, contribuimos fuertemente a la obra de Dios. Todo lo que trabajamos en el apostolado es muy eficaz, aunque nosotros no veamos los resultados. El apóstol San Pablo lo dijo muy enérgicamente a los de Corinto, hablando de su trabajo propio y el de sus colaboradores: -Yo planté, Apolo regó, pero el crecimiento lo dio el Señor. No se pierde nada de lo que hacemos.
En medio del mal del mundo, y aunque algunos no la quieran ver, la acción de Dios, que nos pide y acepta nuestra colaboración en la formación del Reino, es imparable. ¿Queremos mayor premio que ser colaboradores de Dios?….

Propósito
Cada vez que me tope con la adversidad, hacer un acto de confianza en la Providencia Divina.

Diálogo con Cristo
Jesús, aumenta mi esperanza, para que el «sí» de hoy sea el «sí» de mañana y de todos los días. Para que la semilla del amor, que me regalaste el día de mi bautismo, dé los frutos para lo que fue sembrada, alimentada, abonada y cuidada. Es importante perseverar, ser fiel en lo que me toca hacer para no entorpecer su crecimiento.

 

 

Preguntas o comentarios al autor   P. Pedro García Cmf

No se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida.

Lucas 13, 18-21. Martes XXX tiempo ordinario, Ciclo C. El grano de mostaza.

Por: H. Manuel Frutos LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, enciende mi corazón con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, pueda obtener aquellos bienes que no puedo por mí mismo ni siquiera imaginar y que has prometido Tú a los que te aman. Dios todopoderoso y eterno, Tú que lo puedes todo, aumenta mi fe, aumenta mi esperanza y aumenta mi caridad; y, para conseguir tus promesas, concédeme amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?  Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”. Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Qué importante es que seamos esa semilla de mostaza que se entierra, que desaparece, para que se convierta en un árbol frondoso. El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Esta parábola tan sencilla compara dos momentos de la historia de la semilla: cuando es enterrada (los inicios modestos) y cuando se hace un árbol (el milagro final). Por tanto, Jesús a través de este relato nos explica el crecimiento extraordinario de una semilla que se entierra en el propio jardín, a lo que sigue un crecimiento asombroso al hacerse un árbol. Al igual que esta semilla, el Reino de Dios tiene también su historia: el Reino de Dios es la semilla enterrada en el jardín, lugar que en el Nuevo Testamento indica el lugar de la agonía y de la sepultura del mismo Jesús; pero le sigue después el momento del crecimiento en el que llega a ser un árbol abierto a todos.El Reino de Dios, no se va a concretar, no se va a realizar en otro lugar o ambiente más que en lo concreto de la vida de cada uno. Es semilla en este jardín, es levadura en esta harina. El Reino de Dios se juega aquí, por eso el Papa Francisco nos recuerda constantemente que no se puede anunciar el evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye de nuestros labios y dar gloria a Dios.

¿Con qué poder comparar el Reino de Dios? Nos interroga el evangelio de hoy. Se parece a un poco a la  levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa. El Reino de Dios es semejante a la levadura. La levadura se esconde en tres medidas de harina. Es suficiente meter una pequeña cantidad de levadura en tres medidas de harina para conseguir una gran cantidad de pan. Jesús anuncia que esta levadura, escondida o desaparecida en las tres medidas de harina, después de un tiempo, hace crecer la masa.

San Francisco de Asís decía a sus hermanos: “Prediquen el evangelio y si fuese necesario también con las palabras, prediquen con la vida, el testimonio, la incoherencia de los fieles y de los pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia”. Nuestro testimonio en la sociedad, mi testimonio concreto de vida coherente cristiana puede ser a mis propios ojos insignificante, mi fidelidad a Cristo y a su Evangelio puede parecerme poco e incluso inútil para la sociedad a la que nos enfrentamos cada día, pero el testimonio de la fe es valioso, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio, también ése escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de sus relaciones con la familia, el trabajo, la amistad.Hay santos de cada día, santos ocultossuele decir el Papa Francisco, una especie de clase media de la santidad.

Que seamos capaces de construir cada día el Reino de Dios con una vida coherente, con una vida acorde a las exigencias del Evangelio, con una vida donde vayamos puliendo cada día todo aquello que son asperezas, para que nuestra fe sea realmente una forma de vida, para que nuestra fe sea como dice el autor del libro de los hebreos: “La seguridad de lo que no vemos y la certeza de lo que esperamos”.

“Jesús, cuando envía a sus discípulos para que lo precedan en las aldeas, les recomienda: “Digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’… ‘Curen a sus enfermos’”. Todo ello quiere decir que el Reino de Dios se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de conversión, de purificación, de amor y de consolación entre los hombres. ¡Es una cosa linda! Construir día tras día este Reino de Dios que se va haciendo. No destruir, construir.¿Con qué espíritu el discípulo de Jesús deberá desarrollar esta misión?”
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pediré al Señor poder comprender mejor a los demás, saber colocarme en su situación, y cuando se me presente en el día de hoy alguna situación no juzgarles.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.