Mi oración por un obrero de tu mies

Lucas 10, 1-9, Martes xxix de tiempo ordinario, Ciclo C, Misión de los setenta y dos,

Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Para glorificarte he nacido Señor. Mi razón de ser es amar. A la fuente de mis fuerzas vengo. Tú me quieres en el cielo junto a Ti, Tú me quieres feliz al lado tuyo; Tú quieres por mi medio salvar a tus almas. En Ti, Señor,  mi corazón quiero poner.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san  Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Rezar por las vocaciones… me muevo en un mundo que consagra a lo visible toda su atención y tiende con gran inclinación a suponer que lo invisible es irreal. Nos falta fe. Y este mismo ambiente va en detrimento de la oración. ¿Me he resignado o creo de verdad en el poder de la oración?, es decir, ¿creo en lo que Tú me dices: “rogad al dueño de la mies”?

Mis preocupaciones quizá giran mucho en torno a las cosas de este mundo, mientras que pocas veces lo hacen en torno a las espirituales, aquellas que permanecen. Y ante una vasta gama de problemas que tengo ante mis ojos, quizá me centro sólo en las cosas materiales.

¿Cómo se encuentran las personas de mi alrededor?, ¿son felices?, ¿camino y caminamos hacia el cielo?, ¿qué veo en cada uno de ellos?, ¿qué necesidad encuentro al observarlos? Tantas veces necesito y necesitamos una persona que nos recuerde aquella mirada sobrenatural que Dios vino a enseñarnos. Tantas almas se encuentran necesitadas de un faro que las guíe en medio de un ambiente lleno de tantas confusiones; donde se cree que una cosa es Dios, mientras es todo lo contrario; donde se cree que una cosa es amor mientras que es todo lo contrario.

Un obrero de tu mies bastaría muchas veces para indicarme el camino, sea para salir de una crisis o para resolverme a entregarme con más amor.

Creo firmemente que un obrero de tu mies puede recibir mi oración, para que persevere en el camino que le has llamado a recorrer. Y quiero rogar para que mandes a esta mies un obrero que sea un verdadero puente para llegar a Ti, Cristo Jesús.

“Como dijo Jesús, recen para que Dios mande pastores a la mies. El corazón de Dios no es indiferente a la oración de su pueblo. Recen al Señor para que mande pastores. Y a los jóvenes les diría que si sienten el llamado de Jesús no tengan miedo. Que vean todo el bien que pueden hacer, todo el consuelo que pueden dar, todo elmensaje cristiano que pueden transmitir y no tengan miedo. La vida es para jugarla, no es para guardarla. Jesús dice, el que cuida mucho su vida acaba perdiéndola. La vida es para darla. Y así uno es fecundo. Si alguno siente que Dios le pide dar la vida en el sacerdocio, que no tenga miedo. Hay que apostar a cosas grandes y no a pequeñas cositas. Y si siente que Jesús lo llama a formar una familia, que sea una familia cristiana, grande, linda, con muchos hijos que lleven adelante la fe”.

(S.S. Francisco, 8 de agosto de 2014, conversación telefónica desde el Vaticano con dos sacerdotes en una radio de las parroquias más pobres de Argentina).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy ofreceré dos misterios del rosario por las vocaciones.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

¿Qué tipo de frutos estoy dando?

Lucas 13, 1-9. Sábado XXIX tiempo ordinario. Ciclo C. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró

Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, gracias por este nuevo día, por el don de la vida y por las gracias que me has dado. Te ofrezco este rato de oración para pedirte perdón por las veces que te he ofendido y te he olvidado, pero confío en tu misericordia y tu amor, que me levantan y me ayudan a fortalecer más mi relación contigo. Te pido aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante”.

Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Meditando en tus palabras, Señor, mi corazón se siente llamado a un examen sincero delante de Ti. Muchas veces caigo en la tentación de juzgar a los demás según el estado de vida que llevan, por sus errores o por sus miserias, y no me doy cuenta de que, en el fondo, yo no me encuentro “libre de culpas”. Conoces muy bien el interior del hombre y sabes que a veces puedo caer en la tentación de la soberbia, creerme superior a los demás y  capaz de juzgarlos, cuando realmente no es así.

Por eso, tu invitación es clara: ¡conviértete! Que entre en lo más profundo de mi corazón y enderece el camino, levante nuevamente la mirada viendo hacia la meta, que eres Tú. Ayúdame a conocerme a fondo, reconociendo con humildad mis debilidades y pecados;  ayúdame con tu gracia a que cada día pueda seguir siempre hacia donde Tú quieres.

Además, tu paciencia y tu misericordia me dan confianza para volver a comenzar. El escuchar la parábola de la higuera me hace recapacitar y me dice que Tú estás ahí para ayudarme a dar esos frutos que el Padre quiere que yo dé. Ten misericordia de mí, Señor, y dame un arrepentimiento sincero de mis pecados para así, amarte con un corazón más puro.

“Echemos un vistazo a Pablo con su valentía que proviene de este amor, y miremos a Jesús que llora sobre aquella ciudad que no es fiel. Miremos la fidelidad de Pablo y la infidelidad de Jerusalén, y al medio veamos a Jesús, su corazón, que nos ama tanto. ¿Qué podemos hacer? La pregunta: ¿me parezco más a Pablo o a Jerusalén? Mi amor por Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén? Que el Señor, por la intercesión de san Juan Pablo II, nos ayude a responder a esta pregunta. ¡Que así sea!”

(Cf Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2013).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ofreceré algo que me cuesta de mi día ordinario por la conversión de los pecadores.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.