Colores

El ideal de un hombre no puede ser llegar a viejo.

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Por: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net

Un renombrado pintor italiano, con 98 años de edad a cuestas, firmaba de un solo trazo en la esquina inferior de su lienzo: Tiziano. Daba así por concluida La batalla de Lepanto. Otro artista, también de Italia, el así llamado Tintoretto, emplazaba una última pincelada de color a una obra portentosa de dimensiones inusitadas: 24 metros de longitud por 10 de altura. El cuadro se bautizó con el nombre de Paraíso. Tenía en ese momento 74 años.

¿Quién se atrevería a insinuarles a estos dos genios de la pintura que su vida ha sido insulsa? ¿Qué motivo podría arrinconarlos y declararlos cacharros inútiles al rebasar el listón de los sesentas? ¡Ay, eso de vivir es demasiado hermoso! La edad, antes que enturbiar los días, los llena de color y de fantasía. A los humanos nos pasa lo que al vino: cuanto más añejo, mayor es la calidad y el sabor.

El ideal de un hombre no puede ser llegar a viejo. Eso sería vivir en blanco y negro, en un tablero de ajedrez, arriesgándose a ser comido por cualquier pieza asesina. Hay que vivir a colores: con profundidad, con optimismo, a brazadas entre el día y la noche. Por eso me enorgullezco al hablar de esos “viejos jóvenes” que exprimen sus habilidades y virtudes hasta que…

El famoso sabio de la antigüedad Catón comenzó a estudiar griego a los 80 años. A la misma edad Goethe acababa su obra maestra el Fausto. Si se hubiera retirado, si hubiera obedecido a las sugerencias de tantos amigos: “A tu edad es mejor viajar; no exageres, ya has escrito mucho; puedes sentirte orgulloso…”, ¿qué hubiera sucedido? Que hoy en día nos privaríamos quizás de la obra cumbre de la literatura alemana y nadie mencionaría el nombre de Goethe. Si a los sesenta hubiera dejado de escribir sería un segundón, un don nadie.

Y los ejemplos son tantos… Me viene a la memoria el caso del compositor José Verdi. A sus 74 años regaló al mundo de la música el archiconocido Otello. Años más tarde, rozando los 80 continúa su producción y da a luz al Falstaff. No era suficiente. Los años pesan, pero ¿de qué serviría ahorrar vida y energías? A los 85 de edad corona su vida con el Ave Maria, el Stabat Mater y el Te Deum.

Pienso que lo más triste sea un viejo que se cree muerto, inservible, una chatarra. Entonces los días palidecen, pierden su color y se escapan como arena entre los dedos. No se puede perder la ilusión y el optimismo. Debería estar prohibido. La vida es un continuo quehacer. Siempre se puede ayudar, aconsejar, escribir, pintar, estudiar y producir en todos los campos de la cultura y del saber.

A 78 años el científico Juan Bautista Lamarck ponía punto final a sus investigaciones en el campo de la zoología, con una obra maestra, todavía reconocida y estudiada en nuestros días: La Historia natural de los invertebrados. También el renombrado Manuel Kant deja a la posteridad filosófica una obra ingente: Antropología y Metafísica de las Éticas y Conflicto de las facultades. Acababa de festejar sus 70 cumpleaños.

No hay peor enfermedad que la desconfianza. Desgraciadamente los seres humanos somos los únicos que caemos en ella. Parece que la edad inocula gérmenes nocivos y nos sentimos inservibles, baúles de recuerdos o piezas de museo. ¡No puede ser así! ¡No podemos resignarnos! Hay que dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos. La vida es una tarea, una asignatura que dura hasta el final.

Ese pensamiento fue el que animó al político Adenauer a tomar las riendas de su país. Contaba en su haber 77 años y Alemania era nación derrotada por la guerra. No se bajó del caballo y estuvo en la presidencia hasta sus 88 años de edad, soportando las inclemencias de los tiempos modernos. También a los 77 años de edad fue elegido Papa el cardenal Roncalli. Se pensaba quizás en una rápida transición. Por cinco años guió la Iglesia universal y tuvo tiempo para convocar -nada más y nada menos- un Concilio ecuménico.

Estos son algunos de los grandes de nuestra historia de quienes me siento orgulloso. Hay muchos más. Lo sé. Ellos merecen todos los “Óscares”, los premios Nobel. Los felicito y al mismo tiempo pienso en los otros. ¿Qué será de nosotros mañana? Lo que seamos hoy. No sólo se drogan los jóvenes. Hay muchas personas mayores que se inyectan nostalgia del pasado o morfina ante el futuro, porque se han olvidado de que en la vida, además de blanco y negro, hay muchos colores.

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