Rebajas en la Iglesia

Lo importante es descubrir el tesoro que se encuentra en la Ella.

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Por: Máximo Alvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net

Al terminar las Navidades, subiendo la cuesta de enero, cuando la cartera está más floja y se vende peor, vienen las rebajas. Así la gente se anima de nuevo a comprar y las tiendas pueden dar salida a sus productos.

Alguien podría pensar que también la Iglesia podría hacer sus rebajas para tener más clientela. Por ejemplo, quitar un par de mandamientos, algún pecado capital u obra de misericordia, eliminar alguna bienaventuranza, reducir el precepto dominical a las fiestas de guardar eliminando los domingos y establecer como única forma del sacramento de la Penitencia la absolución general para no tener que dar la cara ante el cura. Y por supuesto rebajar las penitencias, quitar viernes de cuaresma y, no faltaría más, suprimir los aranceles; eliminar cursillos prematrimoniales y reducir a escasos meses las distintas catequesis de comunión y confirmación y así sucesivamente… Así mismo, quitar las misas que son demasiado temprano, reducir su duración a un cuarto de hora y que el sermón no pase de los tres minutos.

Puede parecer un poco exagerado todo esto, que no deja de ser una caricatura, pero más de una vez hemos oído alguna queja que va por estos caminos de menor exigencia y en el fondo, tiene muchos visos de realidad. Y sin embargo, el cristianismo es mucho más atractivo cuando es exigente que cuando se torna facilón. De poco servirían las rebajas.

Cuentan de alguien que tenía un perro de gran valor y que publicó un anuncio diciendo que lo regalaba. Nadie preguntaba por él. Alguien le sugirió que le pusiera un alto precio. A partir de ese momento eran muchas las llamadas interesándose por el animal.

No tiene sentido poner cargas insoportables e innecesarias ni presentar la vivencia de la fe como algo complicado y difícil. Como no tiene sentido que un profesor presente su asignatura como poco atractiva y desagradable, pero de ahí a abdicar de la exigencia hay un abismo. Al final el alumno estará contento de la exigencia, si es mucho lo que ha aprendido. Un deportista se siente tanto más feliz cuanto más difíciles sean las pruebas que haya tenido que superar y para ello no le importan las privaciones.

Sin duda que en los primeros siglos, cuando los cristianos eran perseguidos, o en épocas posteriores de persecución religiosa, ha habido más compromiso cristiano que cuando son menores las dificultades. No es, pues, cuestión de rebajas. Ya lo dijo el Jefe: “el Reino de los Cielos se parece al que encuentra un tesoro escondido en un campo y vende todo lo que tiene para comprarlo”. Lo importante es descubrir el tesoro. Es cierto que un tesoro no se encuentra todos los días. Pero en este caso quien busca encuentra. Ojalá nos molestáramos un poco más en buscar.

Comentarios al autor maximoalva@telefónica.net

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